miércoles, 9 de mayo de 2012

MIRANDO AL CIELO DESDE UN MAR DE JARAS ¡SALVADOR CASTILLA RABADÁN!





Muchos de ustedes al igual que yo, hemos compartido momentos venatorios que guardaremos para toda la vida. Son aquellos momentos que hacen que cada jornada sea única, compartiendo historias pasadas, conociendo a nuevos compañeros de caza y recordando los emocionantes lances vividos. Hechos e historias que se graban en tu memoria como un hierro a fuego en tu piel.


Desde aquí desde ¡AL TOQUE DE LA CARACOLA! voy a presentaros y a recordar a SALVADOR CASTILLA RABADÁN, gran rehalero y vecino de La Corte de Cortegana, gran amante de los caballos y de la caza, y en especial de sus perros y de la montería, que nos dejó este pasado fin de semana, el día 11 de diciembre, a los 40 años de edad, tras una larga enfermedad.

La verdad que os puedo decir de Salvador, yo al igual que otros he tenido la fortuna de haberlo conocido estos últimos 4 años de su vida y se va una gran persona. Lo conocí en el verano del 2006 en unas fiestas de esta bonita pedanía La Corte, ¡y como no! el tema de conversación fue la caza. Me sorprendió el don de gentes que tenía, lo daba todo por ti sin pedir nada a cambio, estaba siempre de risas y pendiente de los suyos.

Era una persona que se prestaba para todo, no le tenías que decir nada. A mí que me veía casi todos los fines de semana, siempre nos parábamos los dos a charlar de caza en la calleja y alguna vez se nos hacía hasta de noche, el como rehalero se le llenaba la boca hablando de sus perros incluso una vez estaba muy preocupado por una perra que había sufrido importantes heridas a manos de un macareno, y le dije, ¡Salva no te preocupes que se recupera! Y me dijo ¡eso espero, no veas la que me ha liado el jabato!

Ya en esta primavera me decía que se encontraba mal, que se cansaba todo, nadie sabía que le pasaba ni el mismo.

Por fin llegó la temporada y como a cualquiera de nosotros estaba deseando de empezar a cazar. Comenzaron las monterías y ahí estaba él, el primero con su rehala, partiendo jaras y sacando cochinos, que eran lo que más le gustaba, no se perdía ni un fin de semana, sino estaba en La Corte estaba en Almonaster, o en Cortegana así como un sin fin de pueblos de esta Sierra de Aracena y Picos de Aroche.

Llegando a diciembre se encontraba mal, se cansaba bastante en su trabajo, pero a pesar de todo salía con su rehala a romper el monte, aunque tuviera que tardar 10 minutos más que los demás, el cogía su mano y no se dejaba ni una jara atrás.



Pero llegó el día que no pudo más, fue al médico y se lo diagnosticaron, Salva había vivido numerosos lances con sus perros, se había enfrentado con la ayuda de sus canes a muchos marranos, pero ninguno tan grande como este, donde sus amigos y fieles compañeros de batalla, no le podían ayudar, era una trágica lucha por la vida entre él y este enorme macareno, una lucha de más de once días.

Puedo decir que se murió con los zahones puestos, rompió jaras hasta sus últimos días y fue y es una persona muy querida por esta sierra, como se vio reflejada por varias orgánicas y sociedades, guardando un minuto de silencio en su memoria roto por un emocionante aplauso, como yo pude presenciar este pasado fin de semana en la montería que se celebró en La Corte.



Él seguro que estará allí arriba mirando desde los cielos nuestra querida Sierra Morena, sierra de la que él estaba enamorada, donde podrá observar sus perros correr por un mar de jaras.

A la memoria de Salvador Castilla Rabadán con todos mis respetos hacia sus familiares y amigos.

                                                                                        

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